Gustav Klimt nació el 14 de julio de 1862 en Baumgarten, cerca de Viena, en el seno de una familia humilde. Su padre, un grabador de oro, influyó decisivamente en su estilo posterior. Gracias a su talento, obtuvo una beca para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, donde recibió una formación académica clásica. Inicialmente, trabajó decorando grandes edificios públicos, como el Burgtheater, ganándose una reputación sólida como pintor decorativo.
A finales del siglo XIX, Klimt rompió con el academicismo conservador y se convirtió en miembro fundador y presidente de la Secesión de Viena en 1897, un movimiento que buscaba renovar el arte austriaco.
Su periodo más célebre, conocido como la «Fase Dorada», se caracteriza por el uso extensivo de pan de oro, detallados patrones decorativos y simbolismo, inspirados en los mosaicos bizantinos de Rávena. Obras icónicas de esta etapa incluyen El beso (1907-1908), Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907) y Judit I (1901).
La obra de Klimt se centra principalmente en la figura femenina, explorando temas como la sexualidad, el amor y la muerte con una franqueza que a menudo escandalizó a la sociedad vienesa de la época. Sus composiciones combinan un realismo sensual en los rostros y cuerpos con fondos abstractos y ornamentales, creando una atmósfera onírica y sofisticada.
Gustav Klimt falleció el 6 de febrero de 1918 en Viena tras sufrir un derrame cerebral y una neumonía. Hoy es reconocido como el máximo exponente del Art Nouveau (Modernismo) en Austria. Su capacidad para fusionar la decoración suntuosa con la profundidad psicológica lo convierte en uno de los artistas más fascinantes y reproducidos de la historia del arte.
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